Cuando a algún político se le llena la boca con eso de que su partido es constitucionalista, pretende manipular descaradamente o no tiene ni idea del  alcance que tiene eso que predica. Se usa esto del constitucionalismo, esencial y únicamente, para enfatizar la oposición al nacionalismo separatista. Y se queda tan satisfecho con esa etiqueta, como si al decirla conjurará los males de la política en general e incluso con ella invoca una cierta, esperada, deseada, legitimidad para exigir “lealtad” al contrincante. Un inciso: eso de contrincante, pudiera no tener nada que ver con el hecho de “trincar” en sus multiples significados: 1. tr. Atar fuertemente.2. tr. Sujetar a alguien con los brazos o las manos como amarrándole.3. tr. Apoderarse de alguien o de algo con dificultad.4. tr. robar (‖ tomar para sí o hurtar).

Lealtad Constitucional para ¿con qué?, para ¿con quién? Un misterio difícil de comprender porque inexplicable es que te inviten y al mismo tiempo te “acuchillen”…  – Compórtate lealmente conmigo, que yo te llamaré “perro”.  – Firmemos un pacto de estado, mientras nos despellejamos en cuestiones de estado.  – Firmemos y firmemos lo que ninguno cumpliremos…  ¡Lealtad!  Bonita palabra, ¿sólo eso? o más bien “ni eso”.

-¡Oiga!, que somos Constitucionalistas, pero sólo cuando de la unidad de España se trata. El resto de los artículos de la constitución, vivienda, trabajo, pensiones… están para adornar, para dar brillo a esta democracia, balbuciente, que con nuestra ayuda nunca llegará a ser. Porque, ¡mire Vd!, de momento nos conformamos con desarrollar la vida parlamentaria y la confluencia de poderes (nunca separación) necesaria para que gobernemos a este pueblo complaciente.

Y de paso esos constitucionalistas, a quienes no tienen necesidad de definirse como tales, les tachan de “populistas”. Resulta kafkiano que quienes más hablan de cumplir la constitución, en todos sus términos, se les tilde de, enemigos del Estado, “populistas”, radicales, extremistas.  Como si invocar la constitución y los derechos, en ella contenidos, fuese una “traición” a la misma constitución.

Probablemente eso piensen los autodenominados constitucionalistas, ya que ellos si saben para qué sirve la Constitución, ya que cumple a la perfección el papel justificador de los poderes facticos que secuestran la tan aireada “soberanía popular”.  Por cierto reducida a las citas electorales cuando convengan a sus señorías “constitucionalistas”.