Banderas de conveniencia y un tráfico marítimo invisible para quienes están en tierra

Artículo de opinión realizado Rafael Fenoy, escritor, sindicalista y columnista de Algeciras

Rafael Fenoy / Foto: AAM

En el mundo de la mar los barcos deben llevar bandera. Deben identificar mediante esa bandera en qué país están registrados. No es infrecuente que barcos españoles, ingleses, estadounidenses, coreanos, finlandeses… lleven banderas de otros países sobre todo de aquellos (mini países) paraísos fiscales.  Además las banderas de conveniencia (nunca mejor dicho) permiten contratar una marinería, una tripulación a la medida de las inmensas cárceles flotantes que surcan los océanos. Un tráfico marítimo invisible para quienes desde tierra oteamos un mar solitario casi siempre. Las grandes rutas marítimas sin embargo están atestadas de enormes cargueros, petroleros, gaseros o porta contenedores de dimensiones nunca antes conocidas por la humanidad.

Y es que si es difícil poner puertas al campo, ¡inténtalo en los mares! Los grandes imperios han soportado buena parte de su poder fundamentalmente en los tráficos de mercancías. Los actuales utilizan a escala planetaria los tráficos de mercancías, especialmente los marítimos entre continentes y también los trasiegos de datos e informaciones que permiten calibrar las acciones para aumentar beneficios. Para nada les interesa regular la actividad marítima, más allá de aspectos de seguridad de sus buques y cargas, porque ya se sabe que las multinacionales del seguro invierten en este sector como el que más.

El que haya una ley de los mares, que homologue las condiciones laborales, tanto de la oficialidad como de la marinería, los salarios, los descansos, las vacaciones, las asistencia sanitaria y jubilaciones, les va al pairo. Dejando que cada cual se lo guise y se lo coma, la merienda de derechos laborales está servida y las desigualdades entre personas trabajadoras dedicadas al tráfico marítimo tanto en la mar como en tierra se agravan y agrandan hasta lo insoportable.  De hecho los armadores prefieren contratar en Ceilan, o Madagascar… a personas que en situaciones de semi esclavitud aceptan trabajar lo que “haga falta”, con tal de enviar algo de dinero a las familias que les esperan en travesías que pueden durar años.  Y estas personas semiesclavas, se usan en territorios donde las gentes trabajadoras lucharon, y siguen haciéndolo, por unas condiciones laborales y salariales dignas.

Y ese armador esclavista se arma con una ley  hecha a su medida para dejar sin trabajo a la mano de obra que le sale más cara ¡qué cara!, y dicen los leguleyos del primer mundo que esa maniobra es legal, porque para eso existe la libertad de mercado.  Una libertad que esclaviza ¿que ….. de libertad es? Pero además ese armador ladrón roba los impuestos a las gentes de su país real (no el de conveniencia) porque no los paga.  Y eso también es “legal”. Y en esto de las banderas de conveniencia se abren los ojos de par en par cada dos segundos porque es evidente que con el mayor de los descaros los buenos politicos que están en los parlamentos bendicen con estas leyes injustas tamaños desafueros.  Una de dos o son idiotas, o están comprados con el oro del rico armador. Y como todos no pueden estar comprados, es fácil deducir que hay mucho idiota metido en política.  Porque España también firma los tratados internacionales de “libre comercio”.

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