‘Destino las estrellas’

Artículo de opinión realizado por Rafael Fenoy

Rafael Fenoy / Foto: AAM

En una entrevista, José Ignacio La Torre, ex catedrático de física de la Universidad de Barcelona y actualmente director de proyectos de física cuántica en Barcelona, Singapur y en Emiratos Árabes, acercó a los espectadores algunos de los aspectos en los que las nuevas tecnologías que desarrolla la física cuántica están “entretenidas”. Coincidiendo en el tiempo otra entrevista, esta vez a Enrique Gracián, matemático, divulgador científico y ex subdirector del programa de TVE Redes, ofrecía un panorama sobre los elementos que constituyen en mundo del “homo constructo” y de cómo cabe, más que la posibilidad, de que haya sido sustituido por otro ser constructor, en el que los humanos hayamos pasado a la categoría de piezas del complejo que se está construyendo a partir de nuestros conocimientos e iniciativas.

Ambas entrevistas dan que pensar, ya que el público en general desconoce los avances tecnológicos que, a una velocidad extraordinaria, se están produciendo y de la inmediatez como se aplican los hallazgos de la investigación básica a aplicaciones que en pocos meses acaban desarrollando nuevos “ingenios”, que comienzan ya a construirse de manera casi autónoma. La fabricación de “robots” por otros “robots” es hoy un hecho, sin que la ciudadanía tenga más información que alguna que otra noticia suelta o, en el mejor de los casos, debates sobre los peligros de algunas nuevas aplicaciones, léase el 5G, o de las nefastas consecuencias en los pequeños de la casa, y no tan pequeños, del mal uso de las redes en internet.

Lo que estas dos personas, no sólo investigadores, sino sabios, en el sentido más clásico del término, vienen a exponer en sus entrevistas y publicaciones, además de su afán divulgativo, se relaciona con el futuro inmediato de la humanidad que ya, en determinados casos, se hace sentir y tiene consecuencias de profundo calado.

No es ciencia ficción, ni mucho menos. El panorama de las nuevas fronteras, que día a día, se traspasan por la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas, asusta por su falta de control, en esta economía capitalista tan obcecada en el libre mercado. Porque las decisiones sobre qué se investiga y, sobre todo, para qué se investiga, escaparon hace siglos del control comunitario. De suerte que la máxima irracional de que “si se puede, que se haga” no mira en absoluto las graves consecuencias que para la supervivencia de la especie humana las aplicaciones tecnológicas tienen en estos momentos. Hace varias décadas, sobre los 70 del siglo pasado, la hipótesis de que seres extraterrestres hayan visitado la Tierra, fue tomando forma. Sigue existiendo quienes opinan que incluso controlan secretamente círculos de poder en las sociedades humanas.

Más allá de estas hipotéticas “conspiraciones”, es muy curiosa la tendencia de una parte del mundo científico para desarrollar las tecnologías necesarias para hacer posible los viajes interestelares. Porque aquí en el planeta Tierra las necesidades de los seres humanos son enormes y sin embargo una parte muy importante de los recursos económicos, imprescindibles para resolverlos, se dedican a “mirar hacia las estrellas”. La anécdota que se cuenta de Tales de Mileto, padre del famoso “teorema de Tales”, que encontrándose paseando por su jardín, una noche, abstraído mirando a las estrellas se cayó en un pozo, ilustra de manera impecable la irracionalidad de esta prioridad a las inversiones espaciales. Y, dando un paso más, recordando la imperiosa necesidad de cualquier naufrago para construir una balsa que le permita el regreso a su hogar, ¿tendría sentido construir su balsa para un ser extraterrestre cuya nave hubiera varado en la Tierra? Cuatro líneas de investigación de actualidad podrían confluir en este hipotético objetivo: Primera, la física cuántica desarrollando la tecnología de cálculo precisa en súper-ordenadores cuánticos, para diseñar y permitir la navegación de naves espaciales. Segunda, los experimentos para dominar la fusión nuclear, fuente ilimitada de energía imprescindible para los viajes interestelares.

Tercera las investigaciones sobre la topología de un espacio-tiempo iniciadas por las ecuaciones de la relatividad general y la búsqueda de los agujeros de gusano, conocidos por el puente de Einstein-Rosen. Y cuarta la observación a gran escala del universo que permitirían trazar “mapas” de navegación. ¿Para qué se están dedicando inmensas cantidades de dineros y conocimientos científicos en ello? Valdría más la pena mirar los inmensos hoyos que produce la economía salvaje neoliberal. Porque hay que salir de algunos de ellos con urgencia y hay que prevenir caer en otros, de los cuales nadie, pero nadie, ayudará a la humanidad a salir. En este sentido investigaciones científicas si pero sólo aquellas que nos permitan resolver los problemas humanos.  Mirar a las estrellas, mientras aquí abajo está ocurriendo tamaña destrucción, no deja de ser un contradictorio hobby muy, pero que muy caro.

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