Órdenes imaginados en Sapiens, de animales a dioses

Artículo de opinión realizado por el escritor y sindicalista algecireño Rafael Fenoy Rico

Rafael Fenoy / Foto: AAM

El libro se titula “Sapiens, de animales a dioses” escrito por Yuval Noah Harari y publicado en 2015, fue el primero de una trilogía SAPIENS / HOMO DEUS / 21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI, publicada en 2019. Sapiens se convirtió en un Bestseller internacional, vendiendo más de diez millones de ejemplares. Ocupó el número 1 en la selección de las mejoras obras del prestigioso The New York Times y ha sido recomendado por personalidades de la talla de Bill Gates u Obama. A parte de leerla es posible oírla en un audiolibro fácilmente localizable en internet, eso sí como la voz es robótica lo suyo es ralentizar la velocidad de la misma un cuarto.

Una obra que pretende abarcar multitud de aspectos de la historia de la humanidad y que parece instalarse en un enfoque biológico (materialista) para interpretarla. En otro tiempo hubiera sido tachada de marxista, pero la buenísima acogida y las recomendaciones que hacen de ella personajes de mucho peso en el mundo capitalista generan cierta sorpresa. Sin embargo su autor se mueve dialécticamente entre el materialismo y el idealismo con soltura de manera que acaba agradando a unos y a otros.

La base del desarrollo de las sociedades Yuval la instala en la evolución de las capacidades que los seres humanos han desarrollado para establecer su relación con la naturaleza en un intento constante de supervivencia. Y esa evolución permite, precisamente por el desarrollo del cerebro, el acceso a la construcción de las ideas, de los mitos. El uso de conceptos deformados como por ejemplo “cooperación”, que mezcla con la acción impuesta a esclavos, muestran un cierto cacao ideológico. Afirmaciones tan tajantes como: “La libertad no existe en la biología” por lo que es un constructo ideológico, como si los productos del cerebro vinieran de no se sabe dónde. O el concepto felicidad que le pasa otro tanto, ya que se le ocurre que en biología felicidad debe traducirse por placer; sitúan una buena parte del discurrir del texto en un plano puramente ideal, y contradictorio, con lo cual puede dar la impresión de que resuelve la dialéctica clásica entre materialismo e idealismo, sin más que aportar datos, recogidos del estado actual de las investigaciones arqueológicas, sociológicas y antropológicas, añadiéndole, y esto es esencial para ubicar su obra, en una peculiar interpretación de los mismos.

Si hay algo que llama la atención en su discurso es la insistencia en que la evolución se basa en la diferencia no en la igualdad y de que ésta es otro mito más. Para sustentar también que cualquier orden, por mítico que sea, requiere de las creencias para su sostenimiento.

Las preguntas, sobre la dignidad, la igualdad, la libertad, del ser humano (también mito o constructo ideológico) que pueden suscitarse, requieren respuestas, menos tajantes, menos seguras, porque esa seguridad en las respuestas es pura ideología. Y al fin de cuenta es lo que importa en este libro y por eso es tan recomendado por quienes tienen el poder real.

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