Sequía y sueño del faraón

Artículo de opinión realizado por Rafael Fenoy, escritor y sindicalista de Algeciras
Rafael Fenoy / Foto: AAM

A pesar de que la actualidad, en el día de hoy, esté focalizada a la entronización de Carlo II de Inglaterra, las imperiosas necesidades humanas no desaparecen.  Y es que, con tanta pompa y boato, hasta el “desmérito” Juan Carlos I, de España quiere acudir a los funerales de la ya legendaria Reina Isabel II, del Reino Unido.  Pero toca mirar a lo real y la sequia no desaparece a pesar de que los medios de comunicación al unísono se hagan eco de los faustos de la trágica perdida y al mismo tiempo feliz llegada al trono del más que “desesperado” longevo príncipe.  Si la madre marcó un récord, en cuanto a tiempo de vida de una persona coronada, su hijo, el príncipe, mantiene igual «hazaña” de ostentar el mayor tiempo siendo príncipe heredero.

Algunas certezas: Que no llueve.  Pero que no llueve lo que venía lloviendo desde hace varios años. Que el consumo de agua ha ido en aumento. Que ha crecido el numero de campos de Golf, de hectáreas de agricultura de regadío, de supergranjas, de extracciones de acuíferos subterráneos, de hogares, residenciales, hoteles, restaurantes, jardines (públicos y privados), piscinas. Las limpiezas publicas utilizan más que nunca el riego para sus menesteres. Sin ánimo de ser exhaustivo, seguro que quedan aspectos no reflejados en esta sucinta crónica.  Ante este panorama surgen voces que invocan como respuesta el buen uso del agua, ante esta galopante sequía producida, ya parece que nadie pone en duda, por el cambio climático que las grandes fortunas del mundo mundial están produciendo.  ¡Si!  ¡Oiga! Porque ya está bien de hacer responsables a toda la humanidad de este descalabro generado por el sistema de producción capitalista, controlado, dirigido y beneficiado por unas cuentas familias.  Volviendo al tema del agua, después de varios años, donde científicos e instituciones dedicadas al estudio del medio ambiente, en España y en este agosto de 2022, se reúne una mesa para hacer frente a la sequía.  La verdad es que el nombre de esa mesa no contiene el término sequía. Se denomina eufemísticamente: “La Mesa del Ciclo Urbano del Agua” y dice abogar “por consolidar la planificación y mejorar la gobernanza en la gestión de todos los usos del agua”.  Presidió tan importante evento (on-line) el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, para “analizar la situación de las cuencas hidrográficas españolas en el actual contexto de sequía.” ¡Ahora sí que la nombran, ya que no queda más remedio! Dicen pretender “la actualización de la planificación hidrológica en España y las crecientes exigencias derivadas de la realidad del cambio climático”. Y todo ello en un marco que denominan: Transición ecológica y Reto Demográfico. Para mentes tan preclaras sólo el aumento poblacional sería la  causa de los desastres ecológicos y no tanto el un sistema económico depredatorio e injusto.

En otro tiempo, tan lejano que se refleja en la Biblia (Génesis (capítulo 30:22-24; capítulos 37 y del 39 al 50), José pudo interpretar el sueño del Faraón en el que espigas y vacas rollizas y saludables acababan muy mal. El magnate egipcio preguntaba a sus consejeros por el significado de su sueño. Cosa corriente en esa época en la que la magia permitía dar alguna respuesta a misterios insondables. Los magos de las palabras ahora también pretenden algo parecido. Y José, listo él, le dijo al Faraón lo que podría hacerse a partir de su sueño. Si ahora hay trigo ¿Por qué no guardar excedentes (no venderlos o despilfarrarlos) para cuando llegue la sequía que angostará los campos y morirá el ganado?

Una receta infalible en una economía “planificada”, no capitalista. Regular los consumos del agua, generando nuevas fuentes del preciado e imprescindible líquido elemento, parece, más que razonable, urgente. Para ello el agua tiene que nacionalizarse. Ninguna empresa privada puede hacer uso del agua fuera de un plan nacional que garantice los usos del agua subordinándolos al interés de la población y no a la cuenta de resultados de las empresas privadas. Ni las eléctricas, ni las enormes explotaciones agropecuarias o los sectores turísticos, pueden extraer plusvalías del uso del agua.  Sistemas de depuración y reciclaje de agua en entornos urbanos y agrícolas deben implementarse inmediatamente con un plan de inversiones gestionadas directamente por el Estado. Animar a la población a un consumo responsable en sus hogares. Puesta en marcha de depuradoras de agua de mar, alimentadas con energías renovables en todo el litoral que permitan transferir caudales de agua suficiente para dar respuesta a las necesidades de los territorios interiores… Y alguien dirá ¿Con qué dineros se acometerán estas enormes inversiones? Pues con todos los fondos europeos que dicen soportan la famosísima agenda 20-30. Porque el que mucho abarca se sabe que poco o nada aprieta y sin agua ¿tiene sentido ninguna inversión? Garantizar el agua es la clave de cualquier desarrollo social y económico que se desee. Sin agua sólo queda “el desierto” y de verdad ¡está demostrado! en el desierto sin agua es imposible emprender nada de nada. José en este tiempo y lugar así interpretaría el inquietante sueño del faraón, aunque en 2022 el maléfico sueño se ha convertido en una nefasta realidad.

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