El yihadista de Algeciras se sentía ‘un elegido y un soldado de Dios’

Europa Press tiene acceso al sumario de la causa del asesino de Diego Valencia
Yassin K en dependencias policiales. / FOTO: AAM

Yassine Kanjaa, el presunto yihadista que el pasado enero protagonizó un ataque en Algeciras que se saldó con la muerte de un sacristán y con varios heridos, aseguró ante los agentes que se sentía «un elegido» de Alá y que el asesinato del religioso le abrió «las puertas del paraíso».

Así se desprende de la declaración de Kanjaa ante los agentes de la Policía Nacional tres días después de los hechos y que se encuentra incluida en el sumario de la causa, al que ha tenido acceso Europa Press.

Kanjaa, que sostuvo que nadie le había «adoctrinado», aseguró que «tres o cuatro días» antes del atentado sintió «algo raro» en su interior. En concreto, y tras visualizar los ritos practicados por los cristianos, sintió que «tenían un pacto con Satanás».

El presunto yihadista se definió como un «soldado de Dios por la causa del Islam», pero actuando «de manera independiente». Si se decidió a pasar a la acción, indicó, fue porque sintió «una fuerza divina» en su interior.

En esos días previos al ataque, Kanjaa «discutió con un marroquí-español» que frecuentaba una iglesia local «por ser converso y no practicar la auténtica religión: el islam». Tras discutir con ese hombre le agredió «con la intención de matarle».

LA MADRE DE KANJAA AVISÓ A SU HERMANA DE UN CAMBIO EN SU ACTITUD

La hermana de Yassine Kanjaa, aseguró ante la Policía Nacional que la madre de ambos le advirtió sobre su hermano después de detectar «un cambio significativo» en su actitud.

Así se desprende de su declaración voluntaria ante los agentes de la Policía Nacional un día después de los hechos y que se encuentra incluida en el sumario de la causa.

En la misma, la hermana del presunto atacante aseguró que durante el tiempo que convivió con Yassine no escuchó ninguna conversación referente al atentado. Además, aseguró que no había visto ningún acto violento del propio Yassine contra amigos o vecinos.

Su hermana, que reconoció que no sabía si Yassine cumplía o no con sus preceptos musulmanes, aseguró que la madre de ambos le comunicó que había «detectado un cambio significativo» en su actitud. La misma no sabía definir qué le ocurría, pero sí le advirtió de que «no hablaba con ella como siempre».

En el propio sumario también se encuentra la declaración voluntaria de uno de los vecinos de Kanjaa, que avisó sobre el «gran cambio» sufrido por Yassine dos meses antes del ataque.

EL SACERDOTE HERIDO: ‘NADIE HIZO NADA QUE PUDIERA MOLESTARLE’

Antonio Rodríguez Lucena, el sacerdote salesiano que resultó herido en el ataque perpetrado, aseguró a la Policía que «nadie hizo nada que pudiera molestarle».

Según este relato, el ataque comenzó a las 18.30 horas cuando Kanjaa entró en la Iglesia de San Isidro iniciando una discusión con los allí presentes hasta llegar a manifestar «de forma vehemente» que «la única religión que hay que seguir es la religión islámica».

El párroco explicó que «cuando iba hacia la capilla vio a la mujer que abre la iglesia discutiendo acaloradamente con un hombre sobre la fe», en concreto sobre que «la fe cristiana es negativa y hay que eliminarla». Él en ningún momento intervino y Kanjaa «salió inmediatamente al verle».

A las 19.00 horas, volvió a esa misma iglesia y «desde el interior los allí presentes escuchan cómo alguien ubicado en el exterior profiere gritos en árabe», completa el informe policial.

Una vez finaliza la misa, continúa, «el sacerdote encargado de la misma baja del púlpito para comprobar lo que estaba ocurriendo, instante en el que el investigado portando en su mano un machete de grandes dimensiones y de forma súbita agrede al sacerdote causándole lesiones de gran gravedad».

Rodríguez Lucena describió esta escena indicando que «entró un hombre vestido de negro que se dirigía hacía el altar sin decir nada». «Fue en el momento en el que el agresor llegó al altar cuando blandió el cuchillo», hasta entonces el sacerdote no vio el arma. Esperó en el altar para poder «tener el pasillo libre» y, cuando ya estaba cerca, «intentó huir» pero a medio pasillo tropezó con alguien, cayó al suelo y notó un golpe.

«Hubo gente que le ayudó a taponar la herida y vio que este hombre salió de la iglesia y que los feligreses cerraron la puerta para que no pudiera entrar», concluyó.

Interrogado sobre si pudo haber algo que alterase a Kanjaa, el párroco aseguró a la Policía que «nadie le dijo nada que pudiera molestarle, ni hubo motivo para que este hombre se soliviantase».

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